Feromonas en cultivos hortícolas

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30-12-2015 | 
La combinación de diversas herramientas de protección de cultivos con feromonas, tanto para monitoreo como en captura masiva para mejorar la rentabilidad de las explotaciones, es una tendencia imparable. Pero ofrecen aún más posibilidades para mejorar nuestras producciones.
 
Las líneas de actuación de las Políticas Agrarias de la Unión Europea están favoreciendo cada vez más el uso de estrategias alternativas no químicas, minimizando de esta forma el uso de productos fitosanitarios de síntesis. Por ejemplo, con el plan Ecophyto 2 de Francia, donde se pretende reducir el uso de estas sustancias al 50% en los próximos años. Debido a esto y al continuo desarrollo de estas soluciones biotecnológicas, en los últimos años el uso de feromonas en la agricultura en general, y sobre todo en la agricultura hortícola moderna de Almería y Murcia en particular, se ha incrementado exponencialmente hasta convertirse en una herramienta muy habitual y útil. Estas técnicas se han desarrollado con continuas innovaciones en los últimos años hasta llegar a ser unas herramientas de monitoreo y lucha muy atractivas. Pero, ¿qué son y cómo funcionan las feromonas en la agricultura? ¿Conocemos todas sus posibilidades?
 
¿Qué son las feromonas?
 
José Manuel Guerra, doctor en Biología e investigador con más de 20 años de experiencia en el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria y Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) de La Mojonera investigando estas sustancias, nos explica de forma sencilla su funcionamiento. Las feromonas son unas sustancias químicas que generan un cambio en el comportamiento de los insectos. Las feromonas más conocidas son las sexuales, utilizadas para trampas en monitoreo y captura masiva. En general, la mayor parte de los insectos poseen una comunicación química entre ellos realizada a través de su olfato, que es muy fino y se encuentra en las antenas. Como curiosidad, cabe destacar que la abeja común puede distinguir e identificar alrededor de unos 1500 compuestos químicos diferentes, con todas las posibilidades que ello conlleva.
 
El descubrimiento de la primera feromona se realizó en el gusano de seda: una feromona que provoca la atracción del macho: el bombicol (llamada así por el nombre científico del gusano de seda: Bombyx mori). A raíz de esto se comenzó a estudiar si todos los demás insectos tenían este sistema de atracción entre ellos. La mayor parte de las veces es así, pero también existen muchas otras feromonas. La abeja común tiene unas glándulas en su cuerpo que producen 15 feromonas diferentes. Aquí se puede observar la complejidad de la cuestión. Cada una de estas feromonas indica a sus compañeras de colmena unas necesidades diferentes.
 
¿Para qué podemos utilizarlas?
 
La mayoría de las feromonas son usadas para capturar insectos, muy extendidas en la agricultura de invernadero. Se colocan en una trampa, que deben de disponer del color adecuado al ojo del insecto. Los insectos tienen una visión diferente al humano, ya que son sensibles al ultravioleta. Por eso las trampas que se colocaban para trips, primero eran amarillas (cromotopicas) y después cambiaron al azul, debido a que proporcionaba mejores resultados. Se deben adaptar según el tipo de insecto.

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Adrián Montes
Ingeniero Agrícola - Redactor de Agroquímica


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